Con hambre y sed de justicia
Escribe Juan Pablo Cárdenas S. | Domingo 15 de noviembre 2020
Entre las curiosidades de la política chilena destaca la aprobación por amplia mayoría en el Congreso Nacional de leyes que casi todos estiman inconvenientes. Es lo que ha ocurrido con las dos reformas constitucionales que les permiten a los trabajadores hacer uso de sus fondos de pensiones. Dos retiros que suman el equivalente al 20 por ciento de sus ahorros previsionales, cuando ya se habla de una tercera iniciativa al respecto siempre con la intención de aliviar la situación de los millones de hogares afectados por la crisis sanitaria.
Todo esto no sería tan absurdo si se considera que uno de los grandes problemas nacionales radica en el miserable monto de la jubilaciones que pagan las usureras administradoras de fondos previsionales (AFPs) y que con estas sustracciones podrían deteriorarse aun más. “La necesidad tiene cara de hereje” dice el refrán y explica en este caso la negativa del Gobierno de Piñera de otorgar más subsidios a los dos millones de trabajadores que continúan sin empleo e imposibilitados de cubrir siquiera sus necesidades más elementales. Un reciente informe del Banco Mundial estima que después de la Pandemia al menos 800 mil personas van a dejar de pertenecer a la clase media, reincorporándose a la ya enorme cantidad de pobres e indigentes. Muchos de los cuales, como anotan algunos expertos, padecen actualmente hambre, pierden sus bienes y se sumen en la desesperanza. Con todo lo cual, la población naturalmente se muestra iracunda y más violenta que antes.
No es que la clase política esté verdaderamente conmovida por el dolor y la impotencia que sufren tantos habitantes. Lo que pasa es que tiene miedo a que retorne el Estallido Social y que en los próximos comicios parlamentarios, municipales y para elegir gobernadores los resultados puedan resultarles transversalmente muy adversos. Ya el reciente plebiscito, que aprobó por casi un 80 por ciento la necesidad de una nueva Constitución, tuvo como resultado agregado que todavía más electores rechazaran la idea de que la futura Convención Constituyente tenga representantes del Poder Legislativo. Una manifestación muy explícita del repudio que hoy existe hacia nuestros gobernantes cuanto del deseo que la nueva Carta Fundamental sea redactada únicamente por representantes del pueblo y elegidos ad hoc por la ciudadanía.